viernes, 20 de abril de 2012

Menú Big Mac a la española.

por ALVIN STRAIGHT



Esperé a que Luna: el misterio de Calenda se estrenase para tener un pretexto. En realidad hubiese valido también con Mi Gitana o con la recién estrenada Carmina. El pretexto es una reflexión; más bien una crítica. Una crítica al comentario. Empezando por mi mismo.

No era difícil imaginar lo que vendría después de cualquiera de estos estrenos. Frases hechas como "el espectador medio de España", "la irrisoria ficción de este país", "interpretación de broma" o "la típica serie que llevamos viendo muchos años", abundan, se solapan, se reproducen y se contagian de unos párrafos a otros. Y después llegan los datos y nos dicen que casi tres millones y medio de personas la estaban viendo, en el caso del segundo capítulo de Luna: el misterio de Calenda. Más de un 16% para los anunciantes. Esta paradoja debería decirnos algo.

Como espectador te puede gustar el fútbol o la natación sincronizada. Como persona te puede gustar el pescado al horno o las coles de bruselas. Así es el gusto. Creo que habría que empezar por preguntarse ¿qué le pedimos a una serie?. Voy a decirlo más alto: ¿QUÉ LE PEDIMOS A UNA SERIE?

Alguien como yo (fanático, simpatizante o enfermo según a quien le preguntes), pide varias cosas. Muchas, de hecho. Porque tenemos muchos referentes con los que comparar, porque conocemos cómo se hace, porque necesitamos sentirnos estimulados con lo que vemos, porque queremos analizarlo. Nosotros no cambiamos de canal y nos olvidamos, sino que nos enfadamos y nos sentimos estafados. Tenemos un teclado a mano, internet nos facilita una cuenta y escribimos algunas de las frases anteriores con la esperanza de que alguna persona quiera leernos. De que nos de la razón. Somos al que le preguntas dentro de tu grupo de amigos porque le dedicamos tiempo y nos apasiona, como está al que le preguntas sobre música o recetas de cocina. No es solo diversión y no hablamos únicamente desde el gusto; queremos algo más.

Pero ¿y el resto? ¿ellos necesitan algo que nosotros consideramos bueno, que elevamos a la categoría de arte? ¿de verdad quieren verlo? Los datos, la clase de cosa que se usa para justificar estas cosas, dicen que no. Idolatradas series han fracasado. Puede entonces que a la mayoría (porque son mayoría) de las personas no les importe que se repitan mecanismos, que únicamente se cambien los escenarios, que no estén interesados en concentrarse durante cuarenta minutos después de un trabajo agotador o unos hijos que jamás se van a la cama. Es posible que quieran algo que les haga pasar el tiempo.

Nosotros seguimos queriendo convencer, cambiar a esas personas. Hablamos desde la distancia, escupimos estupideces. Que si los guionistas en España no tienen talento, que si los responsables de las cadenas son imbéciles, que si los espectadores son unos catetos. Nada de esto tiene sentido. Los tres, consciente o inconscientemente, forman parte de un negocio. Uno millonario. Y podemos aparecer por aquí cada poco tiempo resentidos, intentando cambiar algo que, quizás, nadie quiere cambiar porque les funciona.


¿Qué es lo que le pido a una serie? El menú entero, con las patatas y la cocacola. Una serie que lo condense todo. Que me haga levantarme de la silla para aplaudir, que pague el alquiler de quién la escribe y de quién la dirige, que haga que los directivos se aprieten las manos, que haga que la gente la comente al día siguiente y que se haga aquí. No tengo claro si lo que hago ayuda pero soy joven; algún día lo veré.


1 comentario:

Abril22 dijo...

Cuando vi las promos ya sabía de qué pies cojearía la serie. Era tan previsible! Y no defraudó en absoluto!!! Tan escondidos que tuvieron a los Nazis en El Internado (escudo del colegio a parte...) y aquí lo desvelan todo a los 5 minutos de Empezar!!! He visto los dos primeros capitulos. Sólo puedo decir que lo mejor de la serie es una escena con lobos de Álvaro Cervantes y el propio Cervantes. Veré el siguiente capitulo pero no creo que termine de ver la temporada entera cada vez va a peor!!!