viernes, 17 de febrero de 2012

Sombreros calmados. Justified.

por ALVIN STRAIGHT


Hablemos sobre el Viejo Mundo que hemos visto en las películas. El del hombre solitario con un deber, uno de verdad, uno del que no se podía librar. La cámara lo sacaba de lejos, cabalgando, para poder ver como se enfrentaba a la inmensidad del desierto; después lo ponía en un plano corto, paciente y tranquilo mientras los otros temblaban. Temblaban porque eran malos, no seguían esas leyes del oeste basadas en el respeto, el sentido de la justicia, el honor y la camaradería. Por eso morían, porque lo merecían. Estaba ese hombre del bien que era diferente a los demás para conseguirnos un mundo mejor.

Todo esto está dentro de un sombrero. Todo lo dicho. Empaquetado, condensado. Y Raylan Givens se lo pone en el primer capítulo. Lo lleva con orgullo y clase, erguido, escondiendo cosas y hablando solo lo justo. Ha aprendido la lección de los mejores. Ya podemos hablar de Justified, ya están las pistolas encima de la mesa.

Hay un pueblo de Kentucky que estaba esperando a que Raylan no tuviese elección. Es un Marshall y ha matado a un tipo porque "estaba justificado". Así funciona él, pero no el mundo que le rodea. Esa no es razón suficiente en el siglo XXI. Se ve forzado a volver a su origen, al único lugar al que no quería volver. No quería hacerlo precisamente por eso, porque ese lugar le estaba esperando. Nada ha cambiado en realidad, aunque quizás él necesite que no haya cambiado.

De esta manera empieza Justified, una serie que ya va por su tercera temporada. Este es tan buen momento como cualquier otro para empezar a  verla. Aunque solo sea por llevarme la contraria y decir que es una serie lenta, donde muchas cosas parecen impostadas, donde todo es absolutamente primario. No voy a decir si es mejor o peor que Deadwood o Hell on Wheels (bueno, sí que voy a decir que es mucho mejor que Hell on Wheels), pero es cierto que tiene alma. No engaña, no defrauda si buscas un western. Hay pactos de caballeros, armas, alcohol y un sombrero. Sí, siempre hay un sombrero.



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