lunes, 13 de febrero de 2012

Pelea con el Espectador Tonto. Touch

por ALVIN STRAIGHT




De acuerdo, Touch no era necesaria. No se va a convertir en imprescindible. La historia del niño autista, la idea de la interconexión personal, la mística alrededor del 11-S, el paso de la causalidad hacia la casualidad que trae consigo historias cruzadas; todo esto ya lo habíamos visto. Ya nos habíamos sorprendido y ya habíamos dudado de si será cierto o no. Vamos, que en nuestra España de los recortes, alguien habría dicho que no merecía la pena ni sentarse a pensar una serie así pero esto es América, muchachos, la tierra de las oportunidades desde 1783. Más o menos. Y allí vive Tim Kring, quien primero se sentó a escribir Heroes y ahora coge un poco de aquí y un poco de allí para cocinar este bizcocho de emociones.

Una receta que mezcla referentes evidentes. Plagio, homenaje, lo que quieráis, pero Touch me ha sorprendido.

Puede que fuese por el escepticismo con el que me senté delante del capítulo piloto (y único hasta mediados de marzo). Se me había olvidado lo que puede engatusarme una imagen, ya no cuidada sino mimada, y que puedo dejar de ser un pesado y ponerle una queja a todo. Que si la historia no es novedosa y los elementos están sospechosamente bien engarzados no es el fin del mundo. Que puedo ver a Kiefer Sutherland sin pensar en 24. Que, en definitiva, puedo disfrutar de un capítulo sin más pretensión que entretenerme.

Eso es lo que pensé cuando salieron los títulos de crédito del final. Después me hice un té, me comí una galleta que negaré haber ingerido y se hizo de noche. Cometí el error de ponerme a pensar en Touch. Empezó a asolarme la sospecha. Vuelve el preguntón. ¿Me ha sorprendido porque me esperaba una basura? ¿Qué pasaría si esta serie se hubiese hecho en España; las alabanzas se hubiesen convertido en críticas? ¿Es Touch algo más que un capítulo piloto bonito? ¿Realmente me puedo creer trece capítulos lo de la conexión entre personas de Wisconsin y Bangladesh? ¿Todos sentimos alivio al ver que las historias se cruzan bien y al final todo encaja? ¿Es eso lo que nos gusta? ¿De verdad he escrito que podía pensar en Kiefer Sutherland y no ver a Jack Bauer?.

Como en capítulos anteriores donde hago muchas preguntas, las respuestas no son lo importante. Cada uno tiene las suyas. Simplemente me llevan de la mano a mi enfermedad: la serie de culto. Hay tantas series que puedo elegir la que me gusta exactamente, tengo la obligación de hacerlo. Y cuando algo no está al nivel que considero caigo en dualismos como este: a mi yo espectador normal le gusta, pero sale el yo más tonto para ponerle un pero. Algún canal de cable debería devolverme mi vida. En aquella que veía cosas como Touch sin esperar que me cambiasen la vida y las disfrutaba.





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