martes, 28 de febrero de 2012

La salud de Steven. Terra Nova.

por ALVIN STRAIGHT



Steven, ¿qué te pasa, hombre?. Así quería empezar a hablar de Terra Nova, su última aportación a la industria del entretenimiento. Y ese Steven es Spielberg, el hombre que nos ha visto crecer y nos ha agarrado de la mano durante tantas horas para decirnos que estábamos a salvo, que los buenos ganaban. Por eso me preocupo por su estado, por esa floreciente corriente de regalarnos, en los últimos tiempos, cosas que parece hacer sin ganas. Con mucho dinero, pero sin ganas.

Ay. El dinero. ¿Cuánto ha costado este piloto, Steven? Pues se rumorea que sobre los 20 millones de dólares. Ahí es nada. Pero no voy a criticar eso. No. Quiero detenerme en los condicionantes previos que estas cosas traen consigo. No solo económicos, también artísticos. Qué miedo da esa palabra. Justos o no, tanto para bien como para mal, están ahí (podríamos discutir sobre esa absurda frase de uso común, habitualmente acompañada de una sonrisa, que dice "no está mal para ser española", pero es un coñazo de discusión). Si piensas en Spielberg te vienen a la cabeza palomitas, pero de las buenas. Si está detrás de una serie sobre una nueva civilización futurista donde hay dinosaurios, esperas la excelencia. Si, además, el piloto cuesta más que toda la temporada de alguna serie, esperas espectáculo. Esperas que haga lo que mejor sabe hacer, lo que lleva haciendo toda la vida, pero, en mi caso, un poquito más. ¿Podía pedirte más, Steven?

Quizás no. Porque tú te has mirado al espejo, te has colocado la gorra y te has dicho que eres el amo. Y tienes razón. Puede que el problema sea mio y que solo yo note una cierta desgana, una reproducción de aquello que sabes que te ha hecho grande. Traes Terra Nova como esa mezcla de melodrama, épica y aventura que parte de un punto tan básico como es la familia y yo te pido algo más cuando cualquiera sabe que si rompes esa unidad sagrada, todo el mundo empatizará con que los protagonistas hagan cualquier cosa para tener un futuro feliz. Durante todas las temporadas o secuelas que quieras. Y además hay ciencia ficción y dinosaurios. Me he preocupado, Steven, cuando en realidad estás como siempre. No defraudas a tus fans. 

Porque más allá de gustos, hace un momento dije que Steven Spielberg es el amo y es verdad. En muchas cosas que se pueden ver en el propio capítulo piloto. Destaca la maestría de lo que podríamos llamar "dieta de la información". La dosifica y la gestiona en medio de la acción, haciendo que parezca sencillo introducirte en un mundo completamente nuevo con sus normas. Podría haber puesto un personaje diciéndote como funciona todo ese universo, pero ese no sería Steven. Lo hace ordenadamente: primero un mundo que se abandona, después uno al que se llega y que está delimitado por unas vallas y, al final, lo que habita fuera de estas. Y lo hace al tiempo que te enseña a unos protopípicos personajes protagonistas. Juré que no mencionaría en esta entrada a los intrépidos y soñadores niños de todas las producciones de Spielberg y no lo haré. Hablaré del siguiente escalón: los adolescentes. Sin matices, de libro. El rebelde inadaptado él; la encargada de darnos la información histórica ella. Aquí te podías haber esforzado, Steven.

Reconozco que me inventé una estúpida excusa para no ver el estreno de Terra Nova en Cuatro, hace un par de semanas. Y mucha de la culpa está expuesta en los párrafos anteriores. Yo me cansé de Spielberg hace un tiempo pero injusto sería decir que no es honesto. Quizás no tenga que mejorar su salud porque nunca ha estado mal. Esta noche podéis verlo a las 22.30 para comprobarlo.







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