jueves, 23 de febrero de 2012

De culos que ríen.

por ALVIN STRAIGHT

Las 22.00. Las diez de las noche. Las veintidós cientos en una película de espías. El momento en que un mayor número de nosotros nos podemos a sentar a ver la tele. El famoso prime time. Más espectadores, más consumidores potenciales, anuncios más caros. El tortuoso remordimiento de si ese día es el de empezar a cenar cereales en lugar de huevos fritos con chistorra. La mantita y el sofá. Una serie, un fogonazo en forma de unas cuantas escenas que tienen que convencerte para que te quedes después de una interminable publicidad.

El 1 de febrero de 2012, casi cuatro millones doscientas mil personas decidieron que la elección era Antena 3. Un 22% de las personas que veían la tele, según los audímetros, estaban con el culo en el sofá sintonizando ese canal. No se sabe si lo tenían al aire o estaba tapado, a pesar de que el título hacía un claro llamamiento a que lo sacasen a ventilar. Se estrenaba Con el culo al aire, una serie que empieza reinvindicativa y, si me apuras, con un monólogo tipo Trainspotting. Cuántos números estoy escribiendo.

Si se trata de conocer la razón por la que ese número de personas la vieron y la ven (el dato más bajo que ha tenido ha sido un 17.5%) es complicado desgranarla. Mi teoría es que la gente la ve porque se ponen de tu lado. Con el culo al aire te lleva a un mundo paralelo donde, a pequeña escala, se reproduce el que tú vives. Hay un poco de todo y todos están enfadados con un ente superior que no pueden controlar. El gobierno, la crisis económica, lo que sea. Y, en lugar de echarse las manos a la cabeza, tratan de sacarle la parte cómica. Sobreviven como pueden, odian a quienes tú odias, te hacen reír y, sus pequeñas victorias, son tuyas también.

Ni la idea ni el funcionamiento son nuevos. Imagino que a alguien se le habría ocurrido antes el hacer una comedia de enredo y situación actual, con lo huérfanos que estamos de risa. Suele ocurrir que parece que ponen unos personajes arquetípicos delante de una cámara y les piden que sean ellos mismos. Los problemas y los chistes vienen solos, de la confrontación de hijos contra padres, viejos contra jóvenes, pijos contra pobres o chicos contra chicas. Y eso parece aquí, donde el acierto (ahora es fácil decirlo con los números a favor) es contextualizarlo, ponerles en una situación reconocible y que no es ajena. Ya no es solo la vida en un camping y ja ja ja; es la vida en un camping obligados por una realidad actual negativa y ja ja ja. No voy a hablar de denuncia social en Con el culo al aire, tranquilos, pero sí es cierto que con ese componente se puede explicar algo del resultado.

Después está el hacer gracia y ahí vienen los problemas. El avance de los tiempos hace que estos productos funcionen cada vez más por lo qué se dice que por lo qué se hace. Esto no tiene nada de malo. Únicamente dependes de unos ingeniosos guionistas y, aquí viene el asunto, de unos actores que se crean lo que dicen y no piensen que con llevarlo todo al extremo y hacer una caricatura de un personaje es suficiente. No sé si lo consiguen o no pero yo no me he reído mucho con esta serie. Eso sí, lo poco que lo he hecho, cenando huevos con chistorra e instalado bajo la manta, ha sido gracias a Raúl Arévalo. Es justo decirlo, como también que ojalá a muchos sí os haya hecho reír y que dure mucho.

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