martes, 13 de diciembre de 2011

Albornoz y copa. Californication.

por ALVIN STRAIGHT

Probablemente no voy a descubrir nada. No me llamarán para entretenidas tertulias en televisión y no terminaré cenando con Lidia Lozano. Californication estrena quinta temporada en enero y acabo de ver el trailer y el making off. Hacerlo hoy puede colocarme en la última posición de la fila, pero me sirve de pretexto para manifestarme durante algunos párrafos sobre la serie de Showtime. Sin que nadie pueda rebatirme. Como a mi me gusta. Es lo bonito de la escritura.

Californication es la historia de Hank Moody, que a su vez es la historia de Charles Bukowski. No es ningún secreto. El autodestructivo escritor de piernas preciosas sirve de algo más que de inspiración para David Duchovny (Agente Mulder en su juventud). Se contextualiza y, así, Hank Moody es un escritor de éxito, mucho más atractivo que el referente, en el Los Ángeles contemporáneo. Autodestructivo, adicto al sexo, despreocupado por la vida, bebedor profesional y drogadicto; todas las características que adoran nuestras abuelas. Y aún con esas, es capaz de escupir frases que a todos nos gustaría decir. Ahí está mi cariño (no sé si amor sería demasiado) por esta serie, en el continúo tiroteo de frases mordaces entre personajes que crea una sensación de sofisticación. Quizás absurda o simple. Después está el color anaranjado del sol de Los Ángeles, pero eso ya es una tara personal.

Estoy empezando el tercer párrafo y puede haber alguien completamente disconforme con los que digo. Que considere Californication como una serie pretenciosa y sin gracia; que Duchovny lleva al extremo lo de ser Bukowski, un personaje ya extremo y excesivo de por si. Pero estoy hablando yo. No os queda otra que aguantaros. Aguantar que diga que en aceptar a este arriesgado personaje principal está el éxito de la serie. No engancha la trama enrevesada, la sangre o lo sobrenatural. No hay nada de eso. Podría decir donde está el riesgo solo se necesita ver el primer capítulo para saberlo. 

Si no admiráis a Hank Moody, de la manera que sea, estáis perdiendo el tiempo. Os perderéis a los grandiosos Charlie Runkle y Becca Moody, la hija de Hank. También os perderéis una banda sonora perfecta. Lo de la importancia que le doy a las bandas sonoras se me está yendo de las manos.




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