martes, 22 de noviembre de 2011

El Homicidio en Serie

por ALVIN STRAIGHT

¿Sabes cuando estás viendo un capítulo y quieres que llegue la publicidad? Tienes miedo, o hay demasiada tensión contenida, o no te has enterado de si uno de los personajes es primo del otro, o tienes que ir al baño, o simplemente quieres que pare. Algo próximo a esto último me pasó con Homicidios y no he tenido ocasión de comentarlo. El proceso fue el siguiente.

Leí la combinación de sustantivos Eduardo y Noriega y dije "oh, dios". El recuerdo de este inexpresivo muchacho tirándose al mar mezclado con una cierta curiosidad. Después vi varios trailers eternos y me dejé convencer por la atmósfera de la propuesta. Quise darle una oportunidad y estuve delante de la tele el día del estreno. A los pocos minutos, no encontraba las palabras para definirlo.

Lo que estaba sucediendo dentro de la pantalla es que Madrid se había convertido en Nueva York. O Boston. O Chicago. Digo ésto porque no estoy seguro de que las cosas ocurran de la misma manera en Nueva York que aquí. Quiero pensar que Madrid, tu pueblo y el mío, tienen algo que los demás no tienen. Algo propio. Y en ese Madrid americano vi una pobre interpretación y una sucesión de lugares comunes, algo que ya había visto una y otra vez.

Técnicamente, Homicidios no es una serie mala. Cumple el expediente de los cánones del género, es dinámica y tiene una imagen cuidada. Pero yo pertenezco al grupo de los que priman las historias y ésta no me la estaba creyendo de la manera en que me la estaban enseñando.

Llegó entonces la publicidad y salió mi lado preguntón: ¿me causa rechazo porque quiere ser una copia de todas, absolutamente todas, las series americanas?, ¿arrastro algún tipo de trauma con Eduardo Noriega? Pasaron los minutos y avanzó la historia. Llegó otra publicidad. ¿Es una serie necesaria?, ¿cómo se podría mejorar?, ¿si se hiciese "más española" me gustaría más?

Me contesté a estas preguntas pero las olvidé. Terminó el capítulo y dejé de pensar en ella. Supongo que soy uno de los causantes de que ahora esté colocada con calzador a una hora que hace que a nadie le interese.

Ayer por la noche llegué a mi casa desde el aeropuerto, cerré una ventana que había dejado pasar la lluvia durante todo el fin de semana, deshice la maleta y encendí la tele. "Homicidios, volvemos a encontrarnos", me dije. Regresaron a mi algunas de esas preguntas porque nada había cambiado: lugares comunes, diálogos poco creíbles y casi ridículos, emociones forzadas; una barrera delante de la pantalla que no me deja entrar en la historia. Ahora sí recuerdo las respuestas.

Concluí que no tengo ningún problema con Eduardo Noriega, simplemente no soy miembro de su club de fans y que, si la serie hubiese trabajado ese abstracto concepto que es la esencia, puede que no me causase rechazo. No me refiero a hacer algo típicamente español (no tienen que beber tinto de verano en lugar de Jack Daniels), sino a la sensación de que fuese algo que solo podría estar ocurriendo en ese lugar. Una personalidad, una vocación de ir más allá que toca a personajes y acciones.

Ahora esta muy moda criticar a Telecinco y yo vuelvo a lo de siempre. A mi la serie no me gusta pero a lo mejor a ti sí. Eso es lo bonito. Pero los dos coincidiremos en que es injusto que la coloquen a la hora en la que la gente deshace las maletas. Ahora quieres que llegue la publicidad para irte a dormir. Y de ésto, Jordi Gonzalez no tiene la culpa.

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